El enfoque
empresarial para las actividades públicas
Lic. Luis Esteban Amador, M.B.A.
El mundo de los negocios de hoy no posee fronteras, las restricciones
políticas nacionales mueren sobre las plataformas
tecnológicas, cada economía es solo un pedazo del
rompecabezas, quien mejor amolda su forma a las aristas variantes de
la competencia logra encajar y permanecer gracias a ventajas
competitivas y el know-how desarrollado a través del
tiempo. Pero dentro de este paradigma globalizado de competitividad
¿cómo miramos retrospectivamente al olvidado aparato
estatal, encargado de establecer y conservar el ambiente básico
de los negocios?
Muchos
podrían ser los elementos del mundo de los negocios que guíen
una analogía, más posiblemente no alcancen para
resolver a tiempo el complejo mundo de las actividades
gubernamentales.
Veamos
entonces el diagnóstico sobre cinco componentes donde el
desgastado aparato estatal podría mejorar:
Capital:
pese a que está limitado por impuestos, con topes de
endeudamiento, control cruzado interno y contralor, el
funcionamiento de cada actividad debiera -en la medida de los
posible- ser como una unidad de negocios autónoma capaz de
generar sus propios ingresos y recursos mediante esquemas de
financiamiento directo sobre el usuario de cada actividad, lo cual a
su vez elimina odiosas distorsiones y subsidios cruzados entre
actividades, posibilitando el equilibrio del mercado en niveles
ciertos.
Mano obra: al tener una vieja burocracia consolidada, con amplias
zonas de confort los niveles de eficiencia son ciertamente bajos.
Sin compromiso sincero en las estrategias de desarrollo. No
comprenden el dinamismo global, oportunidades locales y su rol
dentro de ese espectro. También es cierto en el nivel
jerárquico, que la excesiva apertura del liderazgo (sobre
juntas, consejos, directivas y similares) ha perdido objetividad...
frustradamente inmersos en la co-administración (ante la
ineficiencia interna) terminamos olvidando la estrategia.
Finalmente, el creciente desencanto y carencia de nuevas
generaciones de líderes.
Tecnología:
al apostar
al uso de los recursos en soluciones del corto plazo se ha perdido
el aprovechamiento de la tecnología en la reinvención
de los procesos. Viejos esquemas siguen guiando las labores diarias.
Los escasos recursos deben ser empleados en soluciones altamente
efectivas, que inclusive permitan liberar recursos para otras
actividades, pagando rápidamente por mejoras tecnológicas.
En el mundo de los negocios la optimización se logra al
implementar probadas tecnologías y establecer claras medidas
de desempeño.
Información:
Aquella frase de “Quien posea la información dominará
el mundo” también es cierta en la arena de las
actividades del gobierno. La precisión y efectividad de las
decisiones depende de la veracidad de la información y la
habilidad de generar escenarios que permitan tomar decisiones
eficaces e implementar las medidas adecuadas en el momento oportuno,
aminorando los riesgos de la inacción.
Modelo
organizacional: Finalmente las empresas más exitosas
han logrado identificar con el tiempo un modelo organizacional
adecuado a las actividades, que les permite ser los mejores en lo
que se dedican, y crear sólidas ventajas competitivas. El
estado y sus instituciones, a contrario sensu, están
atados al marco legal normativo y múltiples principios del
derecho público.
Aplicando cambios.
¿Por
qué negocios como el Banco Nacional han sido exitosos? ¿Será
porque tuvieron que sobrevivir en un entorno de mercado abierto, por
ser autónomos para guiarse, por ser capaces de generar en su
propia actividad los recursos que a través de los años
han sabido usar cada vez más eficientemente, al optimizar e
invertir en sus procesos... o será simplemente porque eran de
por sí actividades lucrativas per se?
Paños
tibios e improvisaciones a medias solo generan mayor complicación
y entrabamiento, ineficiencia y desperdicio. Los esquemas de
privatización de actividades operativas -mediante verdadera
independencia o absoluta separación- han demostrado ser la
sierra que rompe el nudo gordiano. Los impuestos y recursos siguen
siendo administrados por juntas o consejos, quienes se enfocan como
foro político estratégico. Las operaciones se delegan
con marcos operativos privados, contratación entre privados y
tecnologías en sistemas de inteligencia propia. El estado
concentra sus esfuerzos en generar políticas y regulaciones
para las particularidades del mercado y vela cada año por la
consecución de las metas validando periódicamente el
desempeño con la agencia o la firma operadora.
En la
experiencia internacional, dos han sido los modelos que le han
permitido al Estado reformarse y seguir cumpliendo una función
mal comprendida y degenerada, pues ciertamente la tarea es entregar
el mejor valor por los impuestos que se recaudan, y el mejor valor es
el que permite que la sociedad progrese de manera sostenible a lo
interno y en conjunción con el medio ambiente. Algunos países
han decidido una completa privatización operacional de las
actividades que antes realizaba el gobierno, acudiendo a esquemas
donde una empresa privada reemplaza cada agencia estatal mientras que
el Estado sigue regulando mediante parámetros e indicadores
mínimos de rendimiento y desempeño: porcentajes mínimos
de conservación para los activos públicos (carreteras,
represas, muelles, ferrocarriles, instalaciones físicas,
alcantarillados, acueductos) valor creciente y modernización
(eliminando la obsolescencia operativa y funcional), capacidad y
cobertura suficiente del servicio, para un horizonte de reemplazo en
el muy largo plazo.
Otros
siguen teniendo agencias autónomas que conducen los negocios
de ciertas actividades del gobierno, pero operan bajo esquemas
completamente privados donde no es posible tomar decisiones si su
efectividad global a largo plazo no se conoce y forma parte de la
estrategia... ¡ah cierto...! pilar básico de cualquiera
de las dos opciones.

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